Migración rosa en Nicaragua

Ha transcurrido un año y cinco meses desde que Alberto Cortez, de 26 años, decidió casarse con otro hombre, el español Rafael Díaz. Para hacerlo dejó su natal Nicaragua y emigró a Plasencia, España, donde espera vivir libremente su orientación sexual.

“Son muchas las personas que se atreven a juzgarnos, condenándonos a vivir en el silencio. Por eso decidí tomar mis maletas e irme. Estoy segura que en Nicaragua jamás iba a poder ser feliz con mi pareja, pues sólo nos regalan ofensas”, asegura Cortez.

Él nació en el occidente de Nicaragua, es comunicador social y afirma abiertamente ser gay. “Yo negaba en mi país ser homosexual por miedo al rechazo; sin embargo, jamás me lo negué a mí mismo”.

Cortez se fue del país el 18 de marzo de 2008. Tuvo que cruzar el mar y dejar atrás un pasado de secretos. Con nostalgia dejó su pueblo, su familia y renunció a su trabajo. “Estaba triste, no sabía cuándo regresaría”, recuerda.

Para Samira Montiel, Procuradora Especial para la Diversidad Sexual en Nicaragua, la historia de Alberto es la historia de muchos otros nicaragüenses.

“No existe un control de cuántos emigran por año, pero puedo asegurar que la migración en la comunidad homosexual es común en países como el nuestro, porque todavía a la población y a los gobernantes les cuesta entender que existe una minoría poblacional que exige ser respetada”, expresó la procuradora.

Montiel, quien es la primera lesbiana en ocupar un cargo como defensora de los derechos humanos de los gays, bisexuales y transgéneros en América Latina, asegura que en nuestro país los abusos en la comunidad lésbico-gays trascienden al papel que desempeñe un gobierno porque es una situación cultural.

La llamada “migración rosa” es una realidad en el mundo. Según la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas (ILGA), 72 países del mundo dictan prisión a los homosexuales, cinco los condenan a pena de muerte al comprobar que son lesbianas, gays o transgéneros y sólo 24 países reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Pero Cortez no esperaría que en Nicaragua reconocieran el matrimonio entre personas del mismo sexo. Su novio español, a quien conoció por internet, esperaba por él.

El primer matrimonio entre homosexuales en el continente se efectuó el 28 de diciembre del 2009 en Buenos Aires Argentina, en medio del rechazo de la iglesia.

En Estados Unidos las campanas comenzaron a repicar el 9 de marzo del 2010, para algunas parejas homosexuales en Washington, luego de la entrada en vigencia de una nueva ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo.

El pasado 11 de marzo se realizaron en México las tres primeras bodas entre lesbianas, amparadas por una acta civil que les otorga plenos derechos, incluido el de adoptar niños.

Pueden leer el artículo integro en el diario La Prensa.com.ni

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