Primera sentencia por homofobia en Alicante

Primera sentencia por homofobia en Alicante
Martín a la izq. Fuente: Las Provincias

Martín Riquelme de 26 años se siente orgulloso. «Pienso que esta sentencia sienta un precedente y es un ejemplo para muchos que no se atreven a denunciar». Regenta desde hace cinco años una cafetería en el barrio alicantino del Pla-Carolinas. Una zona donde «no he tenido problemas» por su condición sexual. «Nunca me habían insultado por ser gay».

Pero en septiembre del pasado año la cosa cambió cuando dos clientes irrumpieron en su local con ganas de trifulca. Los insultos acabaron finalmente en la Justicia y ahora una jueza les ha condenado. «Creo que es la primera sentencia por homofobia en Alicante».

Los acusados entraron en el bar con ánimo de molestar a Martín, le exigieron en dos ocasiones que les cambiase la consumición y en un momento dado le gritaron: «Así no es como quiero el chupito, lo quiero en vaso muy frío; ¿si te pongo el culo me lo sirves? ¡Maricón de mierda!». Junto a Martín estaba su madre y una empleada sudafricana.

El demandante y la trabajadora les animaron a que abandonasen el local, pero estos se negaron y la emprendieron con la chica llamándola «payoponi de mierda». «De qué gente estamos hablando cuando también confunden a una sudafricana con una sudamericana», recuerda Martín, a quien acompaña su amigo Pablo Rubio, que ha vivido de cerca todo el calvario por el que pasó.

Martín temió lo peor. Y es que se «estaban poniendo agresivos», moviendo varias sillas y mesas de la terraza con el único objetivo de provocarle. Llamó a la policía, y ambos aprovecharon para marcharse, pero gracias a la descripción física que les dio fueron localizados en unas calles próximas.

Cuando el joven pensaba que todo había acabado, regresaron a la cafetería. Les dijo que no les serviría ninguna bebida y uno de ellos, el más corpulento, retomó los insultos contra la empleada: «Tu, payoponi, negra, no me vas a echar de aquí». También aprovecharon para «increpar y tratar de agredir» a la madre que estaba de visita y que no pudo hacer nada para defender a su hijo. «Lo que más me dolió fue que le dijeran a mi madre que era una desgracia tener un hijo gay y que le daban el pésame».

Al negarse otra vez a abandonar el local, Martín reclamó la presencia policial y sólo cuando vieron llegar a los agentes se levantaron con la intención de marcharse. Fueron interceptaron y tras hablar con ellos se fueron, según la denuncia.

Desde que saliera la sentencia ha vuelto a cruzarse varias veces con los condenados, pero «ya no me miran desafiantes». Afirma sentirse «más fuerte» porque su denuncia «no ha quedado en saco roto» y puede animar a otras personas. «No somos una minoría». Ahora bien, tanto Martín como Pablo dejan claro que son casos aislados. Afortunadamente, la sociedad ha evolucionado.

Publicado por Harry

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